Peter y yo parecemos dos almas en pena… Eso de tener un bebé no es, ni de lejos, tan fácil como parece. Se pasa toooodo el día llorando, comiendo o llenando pañales (preferentemente cuando le acabo de poner uno limpio). He calculado que se pasa casi 8 horas diarias comiendo, y teniendo en cuenta que ahora soy un biberón humano, no me hace ni puñetera gracia. Ojalá pronto haga menos comidas diarias.
Y las noches? Socorro! Tiene que comer cada 3 horas, cada vez tarda una hora entera (o más), y eso de día y de noche, a ella le da igual, así que tengo unas ojeras que me llegan hasta los pies. ¡Con lo que me gustaba a mí dormir muchas horas seguidas! Si al menos respetara los sábados… pero no, los sábados, los domingos, sea el día que sea, nos despierta a berridos cada 3 horas. Y cuando ya estamos desesperados, la muy … nos dedica una sonrisa beatífica, como diciendo “¡Se siente!”. De verdad que hay momentos en que la estamparíamos contra la pared, por mal que suene.
Estamos los dos agotados, pero esperamos que en unas semanas nos habremos acostumbrado al nuevo ritmo de vida. Ojalá nos dé una tregua porque si no nos tendrán que ingresar en un siquiátrico!